martes, 29 de marzo de 2011

CORPORATIVISMO PATOTERO por Jorge R. Enríquez


El jueves de la semana pasada asistimos a un hecho histórico. El gremio de camioneros le declaró una huelga a un fiscal helvético. Al enterarse de un exhorto, que es una comunicación entre tribunales de distintos países, librado por la justicia de Suiza mediante el cual se solicitaban informes sobre Hugo Moyano en el marco de una causa por lavado de dinero, el líder camionero se enfureció y decidió parar el país. La conferencia de prensa en la que se anunció la medida fue desopilante, porque no se sabía contra quién se realizaba el paro, ya que el enojo procedía por la actuación del poder judicial de otro país. La Argentina conoce huelgas de las más diversas, pero siempre bajo la invocación de la defensa de los derechos de los trabajadores. Muchas veces esta justificación era falsa, porque las motivaciones resultaban políticas, pero por lo menos se cuidaban las formas. Ahora no. Directamente se convocó a una huelga en defensa de la situación judicial de una persona. En verdad, si bien se lo mira, el paro era contra el gobierno nacional, al que Moyano acusa de no protegerlo lo suficiente. Le muestra, entonces, los dientes, organizando un paro - que pretendía ser general - y una movilización en Plaza de Mayo. El Poder Ejecutivo acusó el golpe y se mantuvo callado. Detrás de bambalinas se sucedían febriles negociaciones. Finalmente, Moyano -sin el amplio apoyo que esperaba de otros gremios- decidió suspender la medida de fuerza. Es probable que sigamos presenciando otros rounds de este tipo. La tensión entre el "cristinismo" y Moyano es ya inocultable. Los argentinos seguimos esta nueva edición de las pujas dentro del peronismo con resignación. Lo más preocupante fue otra cosa que se dijo en la conferencia de prensa, cuando se advirtió que los camioneros irían a los medios a pedir explicaciones cuando no les gustaran las noticias publicadas sobre ellos. Esto es lisa y llanamente un apriete. De esto tampoco dijo nada el gobierno nacional, tal vez por su adhesión a esos métodos patoteriles, que Moyano aplica con frecuencia. Recordemos que el dirigente camionero asumió una postura análoga escasos meses atrás, en el marco de la investigación de la llamada mafia de los medicamentos, que involucra a droguerías interesadas en la adquisición de troqueles adulterados de costosos remedios contra el cáncer para la obra social de los camioneros, gerenciada por la empresa Conducir Salud S.A., que administra Liliana Zulet, esposa del gremialista. Esas causas, llevadas adelante por los jueces federales Claudio Bonadío y Norberto Oyarbide, podrían comprometer a Hugo Moyano. De ahí, también, sus presiones al poder político para que logre frenar o desviar la investigación. En este contexto se situó la reticencia de Moyano en sumarse al pacto social que resucitara -al menos como idea- la presidenta recientemente. Está convencido que le han soltado la mano y no lo va a tolerar pasivamente. Todo esto pone al desnudo, más allá de las responsabilidades penales, un sistema en el que se confunde la gestión gremial, la actividad política y los negocios (o negociados) privados. Sindicalistas que son a la vez políticos y empresarios. Es ese sistema, necesariamente corrupto, el que debe terminar, porque de lo contrario otro Moyano sustituirá al actual y todo seguirá de la misma forma. La Argentina corporativista y patotera sigue vigente. Dejarla atrás es nuestro principal desafío. (*) El autor es abogado y periodista Viernes 25 de marzo de 2011 Dr. Jorge R. Enríquez

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