miércoles, 9 de junio de 2010

EL BICENTENARIO DE LA GAZETA DE BUENOS AYRES, PRIMER PERIODICO PATRIO


Por Víctor O. García Costa
Los pasquines.
En los tiempos antiguos, aquí y en todas partes, al menos hasta la llegada de una imprenta, primero aparecieron los pasquines, nombre con el que se desmerecía a las publicaciones anónimas que llegaban al conocimiento público y que se referían du¬ramente a gobiernos y gobernantes y que hoy se utiliza para desjerarquizar a todo tipo de publicaciones.
El nombre de pasquín tiene como origen la llamada estatua de Pasquino, donde en la Roma del siglo XVI se fijaba es¬ta clase de sátiras. En realidad no se trata de una estatua, sino de un fragmento de ella desenterrado en la vía Governo Vecchio frente al taller de un ar¬tesano de nombre Pasquino.
Próxima a la estatua de Pasquino se le¬vantaba la de Marforio, elevados por el pueblo al rango irreconciliables polemistas: si se fijaba un libelo en la estatua de Pasquino, era común que apareciera la respuesta pegada en la estatua de Marfo¬rio.
No eran periódicos
Es cierto que los pasquines manuscritos, no eran exactamente pe¬riódicos, tal como los comprendemos ahora con esa denominación, ni por la tirada ni por la periodicidad. Se trataba de unos pocos ejemplares manuscritos que tenían una razón momentánea o circunstancial como fundamento de su aparición. Si tenemos en cuenta que, entre nosotros, la imprenta se instaló en Córdoba en 1764 y a Buenos Aires en 1780 y que se necesitaron muchos años -hasta 1867- para que los periódicos llegaran a los lectores de otra forma que la suscripción, no puede negarse que el pasquín anónimo colonial fue un precursor del periodismo en alto grado de publi¬cidad.
Hubo pasquines muy famosos, como el que se pegó frente a la casa de Manuel Ignacio Fernández, Superintendente General del Ejér¬cito y Real Hacienda y en el que se lo representaba junto al contador Francisco de Cabrera cabalgando en burros camino de la horca, con inscripciones alusivas al mal desempeño de sus car¬gos, acompañadas de maldiciones y amenazas.
Esos pasquines eran causa de procesos y condenas. En 1779, la aparición de una Noticia individual de los sujetos y cosas que más chocan en esta ciudad de Buenos Aires donde se hacía befa de 45 capitostes de la sociedad colonial y que estaba fechado: ”a catinze días del mes de los Gatos del año del empuje”, y que firmaba "F.A.M. Triangulipicominafitis. Dr. Esternón" dio origen a una investigación, que luego se complicó como consecuencia de la aparición de otros pasquines parecidos, de la cual cuatro pobladores fueron condenados por estar “prohivida vajo de graves penas...la composición de pasquines, sátiras, versos, manifiestos y otros papeles sediciosos o injuriosos a personas públicas, o a cual¬quier particular”, condena que provenía de las viejas "Instituciones de Derecho de España e Indias". También estaba prohibida la distribución de los libelos.
El primer “periódico” fue manuscrito (1764).
El primer papel que entre nosotros circuló con ánimo de ser un periódico, en junio de 1764, fue Gaceta de Buenos Aires y de él se conocieron cuatro ediciones y solo se conservan tres. Era de carácter oficial y oficialista y tuvo, como cu¬riosidad, que el primer número, de las ocho páginas que lo forman, únicamente tenía escritas cuatro páginas y media. El segundo, en cuadernillo de 12, trajo tres páginas en blanco. El tercero, de las ocho páginas que trajo, solo mostró escritas seis páginas y media, con una y media en blanco, seguramente de "yapa"...
La imprenta en América.
Inventada hacia 1450, la primera imprenta que hubo en América fue instalada en México en 1540. En el Río de la Plata fue traída por los jesuitas e instalada en Córdoba en 1764. Abandonada por éstos, tras su expulsión en 1767, el virrey Vértiz la reclamó para Buenos Aires en 1779. Llegó en 1780 y se la instaló en la Casa de Niños Expósitos, en la esquina de San José y San Francisco, hoy Moreno y Perú.
El Telégrafo Mercantil (1801-1802)
El virrey Avilés autorizó a don Francisco Antonio Cabello y Mesa, "natural de la provincia de Ex¬tremadura, coronel del Regimiento Provincial Fronterizo de In¬fantería de Aragón en los Reinos del Perú…, primer escritor periódico de estas provincias y reinos del Perú", a dar a luz un periódico que habría de llevar por nombre Telégrafo Mercantil. Se trata del primer periódico impreso que se editó en estas tie¬rras, aparecía dos veces por semana -miércoles y sábados- en ejemplares de ocho páginas, habiendo sido el primero el del miércoles 11 de abril de 1801.
El Telégrafo Mercantil decía ser "rural político económico, e historiógrafo del Río de La Plata", y en sus páginas colaboraron, entre otros, Belgrano y Cerviño, cuyas in¬fluencias en el proceso revolucionario fueron notorias.
El Telégrafo Mercantil bajó la cortina con su número extraordinario del 17 de octubre de 1802, por decisión del virrey Joaquín del Pino- aparentemente por las procacidades de unos versos firmados por "El poeta médico de las almorranas", que aparecieron en el número correspondiente al viernes 3 de septiembre de 1802.
“Hasta quando traidoras almorranas,
Después de quedar sanas,
Y ya purificadas,
Volveis a las andadas?
Porque irritais con bárbaro perjuicio
La paz del orificio,
Que acostumbrados a irse de bareta
Y en lícitos placeres
Hace sus menesteres?”
El Semanario de Agricultura (1802-1807).
Próxima a extinguirse la vida del Telégrafo Mercantil, "cuyo cadáver apestaba, por lo menos desde él mes anterior", el 1º de setiembre de 1802 vio la luz el Semanario de Agricultura, Indus¬tria y Comercio, hebdomadario de ocho páginas cuya suscripción costaba la mitad de la del Telégrafo Mercantil y salía los miér¬coles. Suspendida su aparición el 25 de junio de 1806, por las invasiones inglesas, reapareció con el número 198 el 24 de seti¬embre de ese año. El 11 de febrero de 1807 dejó de salir este pe¬riódico, que en su número inicial auguraba para el labrador: "ya no será el habitador de la campaña aquel ente desgraciado conde¬nado a vivir en la estrechez y la miseria" y que, con visión, sentenciaba en el segundo número: "Nación alguna puede prosperar sin el fomento de la industria: su extensión es inmensa, sus ob¬jetivos innumerables, sus utilidades indecibles". Habían salido 218 números.
Su director-fundador-editor responsable fue Juan Hipólito Viey¬tes, a quien el destino histórico se empeña en recordar más por la jabonería que tenía en sociedad con Rodríguez Peña que por el Semanario.
El 2 de diciembre de 1803 el Cabildo de Buenos Aires en Acuerdo de Regidores analizó el número 63 del Se¬manario y dijo: "que se notan varias expresiones injuriosas á es¬te Y, Ajuntamiento por haver solicitado se prohibiese la extra¬cción de granos, y al Superior Govierno por haverlo decretado; Y considerado los S.S. que no debe permitirse por modo alguno el que corran con libertad papeles de esta clase, acordaron pase el escrivano á casa del redactor, y le prevenga que el Y. C. ha es¬trañado su procedimiento en esta parte, que se abstenga de conti¬nuar el papel, y de insertar en su Semanario otro que contengan enventivas e injurias contra este Y. Cuerpo, que tiene mui pre¬sentes, y save discernir bien los objetos de conveniencia públi¬ca, bajo el concepto que de lo contrario se tomarán las providen¬cias conducentes a contenerlo".
Por toda respuesta, Vieytes continuó la publicación de la crítica de la exportación restringida y la firmó "El charlatán mayor de la tertulia del Retiro".
The Southern Star (1807)
Producida la toma de Montevideo por los ingleses, suspendida "por ahora" la salida del Semanario de Agricultura, Industria y Comer¬cio, apareció en la Banda Oriental un periódico llamado The Sout¬hern Star -La Estrella del Sur-, semanario bilingüe del que sólo se imprimieron siete números y un boletín extra.
El primer número, del 23 de mayo de 1807, sábado, decía: "en so¬meteros al cetro inglés participareis los mismos derechos y pri¬vilegios que gozamos nosotros: Vuestro comercio libre de exaccio¬nes injustas y monopolios onerosos se hallará más feliz y próspe¬ro que nunca. La justicia se administrará con imparcialidad rigo¬rosa. Las puertas del Forum estarán igualmente abiertas a los es¬pañoles que a los ingleses".
El fracaso de la segunda invasión inglesa y la devolución de la plaza de Montevideo significaron la muerte del periódico, cuyo último número veía la luz al mismo tiempo que los invasores con¬cluían la retirada. La nueva invasión vendría más tarde por el procedimiento sugerido por Castlereagh: la económica.
Arreció la pasquinada
Hasta la salida del Correo de Comercio, solo aparecieron dos pu¬blicaciones sin importancia: el Semanario Extraordinario, que extractaba gacetas inglesas, y No¬ticias sacadas de Gazetas de Madrid, que traía información de ciudades europeas.
Próximo a llegar el año X y nada tranquilo el Virreynato del Río de la Plata, donde el olor de la fermentación revolucionaria era fácilmente sensible, el virrey Cisneros dictó un bando que fue pregonado en las calles de la ciudad el 14 de diciembre de 1809:
"...Décimo: Como los anónimos injuriosos, los papeles sediciosos y los pasquines insultantes, sean impresos o manuscritos, son me¬dios conocidos de que se valen los genios inquietos para desacre¬ditar a los que mandan, y como sus designios son dirigidos a im¬buir en imposturas que no tienen otro principio que sus resenti¬mientos particulares, o su maligna inclinación, con el fin de ver si pueden lograr el trastorno del orden y aprovechar la confusión para despojar a los ricos, que es ordinariamente el resultado de todas las revoluciones, como tiene acreditado la experiencia, en los pueblos que han sufrido tal desgracia, se hace preciso poner el mayor esmero en descubrir, perseguir y castigar a los autores de dichos escritos, y siendo constante que nuestra legislación considera tan criminal a estos como a los que los circulan, es¬tienden o leen, será estensiva la vigilancia de los magistrados contra todos ellos, e igual el rigor con que se proceda a su castigo..."
Así, también, quedaban planteados, a "nivel periodístico", la contradicción social y económica y el conflicto de intereses de la vida colo¬nial en el virreinato del Río de la Plata. Por un lado, los bandos y gacetas oficiales, seleccionadamente informativos, y las publicaciones obsecuentes. Por otro lado, los pasquines y anónimos, "la voz de los oprimidos", menos castiza y más insolente. Allá, el monopolio; acá el librecambio. Por debajo, la Revolución en cierne.
Correo de Comercio (1810-1811)
El 3 de marzo de 1810, con la dirección del Manuel Belgrano, apa¬reció el Correo de Comercio, del que salieron cincuenta y ocho números, dedicados a los labradores, artesanos y comerciantes:
Es evidente que la influencia periodística en la marcha de la Revolución es cada vez mayor. Por eso dice Belgrano en su auto¬biografía: Hice el prospecto del diario de Comercio que su publicaba en 1810, antes de nuestra Revolución; en él salieron mis papeles, que no era otra cosa más que una acusación contra el gobierno español; pero todo pasaba, y así creíamos ir abriendo los ojos a nuestros paisanos: tanto fue, que salió uno de mis papeles, titulado: Origen de la Grandeza y Decadencia de los Im¬perios, en las vísperas de nuestra Revolución, que así contestó a los de nuestro partido como a Cisneros, y cada uno aplicaba el ascua a su sardina, pues todo se atribuía a la unión o desunión de los pueblos.
El Correo de Comercio continuó apareciendo hasta el 23 de febrero de 1811, es decir, hasta nueve meses después de la Revolución, pero nunca hizo mención de ella.
Gaceta del Gobierno de Buenos Aires (1809-1810)
Con la híbrida Gaceta del Gobierno de Buenos Aires, que apareció el 14 de octubre de 1809 y salió hasta el 9 de enero de 1810, se iba el viejo régimen. La Gazeta de Buenos Ayres vendría con la Revolución. En medio, El Censor Comercial, desde el que Vicente López y Planes cantaría en abril del año 10 las "Delicias del labrador".
Gazeta de Buenos Ayres (1810-1821).
Los planteos liberales en materia económica, desarrollados en las primeras manifestaciones periodísticas del Río de la Plata, dirigidas, como no podía ser de otra manera, a sectores determi¬nados de comerciantes e intelectuales, necesitaban subvertir el orden político existente para poner en manos de quienes creían en la necesidad de la agricultura, de la ganadería, del comercio, de la industria y del librecam¬bio, como forma de salir del estancamiento, los instrumentos del poder político.
La Gazeta de Buenos Ayres primera expresión del periodismo nacional, apareció el 7 de junio de 1810, fundada y redactada por Mariano Moreno, invocando el pensamiento de Tácito: "Rara felicidad la de los tiempos en que es lícito sentir lo que se piensa y decir lo que se siente". La Gazeta cumplió, en vida de su fundador, con la triple función de informar, forman y organizar la marcha de la Revolución. Ella fue el único periódico que salió en Buenos Aires después de desaparecido el Correo de Comercio y hasta la aparición de El Censor y ella, también, fue reflejo de las marchas y contramarchas de la Revolución: de Bue¬nos Ayres, hasta el año 12, Ministerial hasta el año 15, del Go¬bierno hasta abril de ese año y otra vez de Buenos Ayres hasta el 12 de setiembre de 1821. Ya se había disuelto el gobierno nacional.

Víctor O. García Costa Columnista
El tiempoes hoy Cadena ECO AM 1220
Lunes de 16 a 17 Hs
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